Oído en televisión: "El tema de la violencia de género está muy manido". Por supuesto,- y por salud mental,- voy a obviar el nombre de la cadena, del programa y del periodista que afirmó tan lacerante frase. Y me estoy refiriendo a un pretendido programa cultural, que no a la tele-basura. Después de este tipo de agresiones verbales, no queda otro remedio que escribir, intentar llenar, desde cualquier medio, el vacío que día a día intentan crear ciertos cretinos cuya superficialidad los convierte en cómplices de una hipocresía social en la que participamos todos.
Hablar de violencia de género,- sin caer en los morbosos detalles en el que se deleitan buena parte de los medios cuando sale a colación una noticia de asesinato; otra mujer muerta en manos de su marido-, debería ser una tarea casi constante, una tarea vital. Y que cada uno lo tradujera a su modo, escribiéndolo en la prensa, hablándolo en la peluquería o consignándolo en las paredes.
A veces un pequeño guiño puede ayudar a replantear toda una vida, y aunque no es necesario partir de la megalomanía, si deberíamos aprender a saber de qué hablamos cuando hablamos de lo que no sabemos para no repetir, ni en pequeños ámbitos, lo que algunos periodistas dicen a los cuatro vientos. Sí, medir nuestro grado de complicidad para con la violencia de género,- seres sociales que somos-, porqué es en la sociedad donde el maltratador se mece, amparado en la cultura del machismo, del desdén y la ignorancia. ¿Quién no ha oído frases del tipo "esta mujer no tiene pinta de ser maltratada", "nadie lo diría de ella" o aquella de peor calaña: "Si es que parece que le gusta que la peguen"? Nos llevamos las manos a la cabeza cuando oímos que otra mujer ha sido asesinada en manos de su cónyuge y sin embargo seguimos esgrimiendo opiniones que no son si no alas para los asesinos. Una mujer maltratada no se reconoce por su carácter, ninguna relación íntima se expone hasta tal punto que los demás podamos opinar de ella con total conocimiento, y la violencia de género, aún partiendo de la intimidad no deja de ser un delito público sobre el que vertemos basura. La mayoría de mujeres, víctimas de malos tratos, no lo hubieran sido de haber tenido una sociedad acogedora, un núcleo donde poder dar rienda suelta a su vulnerabilidad y muchas veces ignoramos que el principio de toda complicidad es la opinión. Convertirnos en jueces sin tener noción de los hechos en todos sus ámbitos, -desde el más cercano hasta las estadísticas-, y lanzar proclamas, ya sea en el rellano de la escalera o en la televisión pública, nos convierte en cómplices de los malos tratos. Cuestiones de tanta hondura psicológica, de tanta sangre vertida, se convierten muchas veces, estén o no sucediendo en nuestro entorno, en latigillos de conversaciones banales. Hasta que no erradiquemos de nosotros mismos tanta superficialidad no podremos hablar seriamente y en consecuencia de la violencia de género. Acudimos al principio de lágrima cuando nos dan la noticia de una nueva muerte (más de cien en España en lo que va de año) pero somos incapaces de medir el eco de nuestras palabras en una sociedad cada vez más presta a la ignorancia. ¿Somos cómplices de los maltratadotes? Que cada uno lo analice a su modo, desde una columna en la prensa, en la universidad o en el taller mecánico. Todo lo demás es literatura y muerte.
Magda Bonet
sabadell, Febrer 2008
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