Manuel Navas.
Politòleg
Según los ramplones argumentos de ilustres políticos socialistas, quienes tengan pensado votar NO en el referéndum sobre el Tratado Europeo, están alineándose en las filas del ultraderechista francés Le Pen. Llevar el debate a ese terreno, además de mostrar el nivel político de la élite política, facilita respuestas de signo contrario: quienes voten que SI, se aliarán con el "progresista" Berlusconi, el "demócrata de toda la vida" Fraga o el "pacifista" Aznar. Si esa fuese la cuestión, las posibilidades de que ganase el NO aumentarían considerablemente. Pero en cualquier caso, es una cuestión en la que no merece la pena entrar por su nula capacidad explicativa. El interés por crear una falsa polarización entre "europeístas" y "antieuropeístas" la anteponen a la necesidad de asegurar la información y el debate necesarios para que la ciudadanía sepa lo que está en juego.
Lo que no explican los valedores del SI es por qué inducen al confusionismo en la ciudadanía al hablar de Constitución, cuando se trata de un Tratado Intergubernamental. En derecho, como señala Aragoneses, los conceptos, lejos de ser superfluos, son fundamentales. De no ser así, la inseguridad que generaría el Ordenamiento Jurídico lo haría inservible. Palabras como divorcio, usufructo, usucapión, adopción, Constitución, etc., se refieren a instituciones jurídicas determinadas y, su uso para referirse a cosa distinta para la que fueron creadas solo cabe en gente poco instruida en la terminología jurídica o en quienes familiarizados con ella, la utilizan de manera partidista.
Porque en síntesis, el Tratado que se somete a referéndum, no es más que un refrito de los acuerdos existentes, a los que se les han realizado añadidos y supresiones, elaborado (entre la opacidad y el secretismo), por un "Consejo de sabios", designados por las elites políticas de los estados miembros y punto. No ha existido proceso constituyente alguno y, sin proceso constituyente, no existe Constitución. Este proceso viciado de origen tiene una trascendencia especial por cuanto, una de las características esenciales que distingue a los regímenes democráticos de los que no lo son (la participación de la ciudadanía en la construcción del marco general de convivencia -la Constitución-), no se ha producido.
Tampoco explican los vendedores del SI algo imprescindible para que la sociedad pueda adoptar una decisión con cierto conocimiento de causa: qué modelo ideológico, político, militar, económico, social y cultural europeo, configura el Tratado. Han pasado de puntillas por los temas que han suscitados las mayores críticas: el déficit democrático, la concentración del poder en manos de los estados, los derechos sociales incluida su falta de garantías y la política exterior.
Un Tratado que secuestra al Parlamento la capacidad legislativa; que blinda su reforma exigiendo la unanimidad; que armoniza a la baja de los derechos sociales reconocidos en cada Estado; que instituye la competitividad como principio inspirador de la política socio-económica-laboral; que otorga rango constitucional a la flexibilidad laboral; que sustituye el "derecho al trabajo" por el "derecho a trabajar"; que abraza al liberalismo, no como una opción ideológica entre otras, sino como principio constitucional; que alienta la privatización de la seguridad social, educación y transportes etc.; que somete la UE a la OTAN e impone el aumento del gasto público militar; que impide el control democrático del Banco Central Europeo; que no asegura la igualdad de géneros; que incorpora una pseudos iniciativa legislativa de carácter meramente propositiva; que exige unanimidad para adoptar políticas fiscales y sociales, mientras que, para temas económicos le basta la mayoría cualificada; que hace desaparecer los pueblos como agentes subyacentes, al tiempo que se formaliza su compromiso con la integridad territorial actual de los estados; que imposibilita el uso de la lengua propia, abre suficientes interrogantes como para sospechar sobre sus presuntas bondades.
Peor, el contenido del un texto parece responder más, al reparto de poder en la nueva estructura de la UE y a las exigencias económicas del neoliberalismo representado por los potentes lobbys de los negocios, de las finanzas y de los círculos mediáticos y, porque no decirlo, a la "mano invisible" de los EEUU, que a la construcción de una "casa común" europea. De ahí que, el rumbo neoliberal, estatocéntrico, militarista y de adhesión inquebrantable al "modelo americano".que orienta el Tratado, no sea la mejor invitación para votarlo favorablemente, ni tan siquiera de manera crítica.
Sabadell, 7 de febrer de 2005
Site navegation:
Menú de navegación