Atribuciones improcedentes.Puede leerse en el panfleto del PSC-PSOE "Junts per Sabadell", (marzo 2005) que, "Nunca se habían hecho tantas cosas para mejorar el Distrito III como en los últimos cinco años" (Alberto Beltrán, concejal socialista). Que yo sepa, el concejal en cuestión reside en esta ciudad desde hace años por lo que cabría suponer que tiene cabal conocimiento, cuanto menos, de los profundos cambios infraestructurales de todo tipo llevados a cabo durante los 20 años en los que Toni Farrés fue alcalde de esta ciudad y que yo sepa, no padece de ninguna enfermedad que le afecte a su memoria. Con esas premisas, la única explicación posible es que tales simplezas solo pueden decirse desde la mala fe 0 la prepotencia (o desde ambas cosas a la vez), en un torpe intento de manipular partidistamente la historia, como por ejemplo, apuntarse en su haber la construcción de la Plaça d'Espanya. Paradójicamente, ahora que por doquier se anda reivindicando la memoria histórica que por activa y/o por pasiva el franquismo y la transición nos robaron, aquí se empeñan los socialistas en llevar el paso cambiado.
Vota y calla.Algunos siguen enrocándose en el discurso de su mayoría electoral para desbarrar contra "quienes-no-piensen-como-ellos", y la verdad es que, a estas alturas, resulta preocupante semejante muestra de incapacidad para no distinguir entre resultados electorales y sentido común esperable en quienes tienen el mandato de dirigir la ciudad. Debe recordarse que, en general, las elecciones son el reflejo de una determinada correlación de fuerzas situada espacial y temporalmente, pero esos votos, aunque otorgan la posibilidad de gobernar, !10 son una pócima mágica que aporte sentido común a quienes los han obtenido, ni hace que sus decisiones sean siempre sensatas (al respecto, abundan los ejemplos y, sin ir muy lejos, en nuestra propia ciudad). De ahí que, en las democracias actuales, el derecho a discrepar sobre las decisiones de los gobernantes (incluso, si se da el caso, para pedir la dimisión de los elegidos democráticamente, llámense González, Aznar, Fraga o Bustos), es algo tan consubstancial como el mismísimo derecho de voto. Reivindicar un modelo de democracia basado exclusivamente en el resultado que cada cuatro años ofrecen las urnas, es situarse en las antípodas de la participación que desde múltiples foros cívicos se reclama insistentemente: más amplia, más directa, de mejor calidad y con incidencia real en la política, así como una mayor capacidad para fiscalizar las actuaciones de las elites gobernantes.
Un primer apunte sobre la ruptura del tripartito.Al margen de la penosa imagen ofrecida con el cruce de broncas entre el Alcalde, que dice que le han abandonado, y ICV-EUiA-ERC, que aseguran que el Alcalde los ha echado, no les falta razón a los socialistas al acusar de oportunistas a quienes hasta ahora han sido sus socios en el Gobierno Local. El "estil Bustos", posiblemente sintetiza para determinados sectores de nuestra sociedad, uno de los episodios más negros de la historia de Sabadell en los últimos 25 años, pero no debe olvidarse que, ERC, ICV-EUiA y hasta hace meses CiU, han sido sus padrinos y colaboradores necesarios.
Su complicidad es irrebatible: han consensuando el actual modelo de Policía Local; aplaudieron la impresentable aventura del zoo; defendieron contra el clamor popular la nueva tasa de residuos; han bendecido el derroche de dinero público en protocolos, fotos y canapés; fueron siempre condescendientes con las incontinencias verbales (Sres. Manau, Sánchez, etc.), contra la oposición institucional (Entesa per Sabadell), y civil (movimiento vecinal, entidades, asociaciones y personas); han consentido con su silencio encubridor, el asfixiante control de los medios de comunicación local; han cooperando desde la desidia o incapacidad para que tras estos años de Gobierno de concentración, Sabadell siga careciendo de un proyecto de ciudad estructurado y estructurante, etc.
Con ese bagaje, y sin que durante todo este tiempo se haya visualizado ningún tipo de desencuentros en el tripartito, pretender salir de puntillas del Gobierno Local, es una falta de respeto a la ciudadanía. La fuga sin más, ni suple la rendición de cuentas obligatoria tras el periplo, ni responde a las incómodas preguntas que exigen respuestas, ni se justifica por meros motivos electorales, por eso, hablar de oportunismo no es improcedente. La credibilidad de los partidos y la honorabilidad de las personas que lideraron esa forma de actuar, demanda otro talante a la hora de hacer balance sobre su responsabilidad en unos pactos que ala postre han conducido a la ciudad a una situación cercana al punto muerto y con indicios desvertebradores inquietantes.
Manuel Navas
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