Decíamos ayer...
Hace unos años teníamos un entorno rural en nuestro barrio. Éramos uno de los pocos barrios en los que podíamos encontrar masías donde comprar a los payeses productos del campo y animales de corral. Pero la presión urbanísticas más desaforada prácticamente ha reducido este entorno a una mínima expresión.
Por todas partes proliferan pisos y más pisos, carreteras plagadas de automóviles,.. y la mancha urbana se extiende más y más sin que nadie le ponga freno.
Parece que se vaya a acabar el mundo en lo que a la cuestión urbanísticas se refiere. Y lo curioso del caso es que la población no ha ido creciendo al mismo ritmo. Aquí surge una pregunta obvia, ¿a qué obedece esta tendencia desarrollista a todas luces insostenible? Estamos inmersos en una carrera cuyo final es imprevisible. Los recursos son, por lo general, escasos y el suelo como tal en nuestro barrio y, por extensión, en toda la ciudad aún lo es más.
El ciclo consumista que nos invade amenaza con esquilmar todas las reservas naturales de que disponemos. Los bienes de consumo se diseñan para un ciclo de vida útil de producto lo más reducido posible, de manera que nos veamos abocados a renovarlos y desecharlos con mayor frecuencia de la que cabría esperar. Vas a comprar un recambio de tinta para una impresora e, incomprensiblemente, en muchos de los casos te sale más barato cambiar de impresora. Los productos quedan obsoletos al poco tiempo de ser adquiridos, se utilizan envases y envoltorios superfluos totalmente prescindibles; en síntesis, se asocia mayor consumo a mayor bienestar.
Ha sido el nuestro un barrio históricamente reivindicativo. Se trata de un barrio densamente poblado y con limitadas zonas verdes. Todas las plazas públicas existentes se han conseguido después de muchas movilizaciones y litigios.
El último ejemplo lo tenemos en la Plaza del Farell, corazón histórico del barrio, en la cual se ha perdido una oportunidad más de conseguir una zona verde digna para el barrio. Su reivindicación se remonta a más de 30 años. Después de muchas alegaciones ignoradas y falta de diálogo de las autoridades con los agentes sociales, se ha optado por la solución fácil, dejar en manos de la promoción privada un asunto de relevancia pública. No se han tenido en cuenta ninguna de las posibles alternativas planteadas. Se ha ignorado, incluso, a la mismísima Asociación de Vecinos. A la vista de lo que acontece en la mayoría de poblaciones, y salvo contadas excepciones, llegamos a la conclusión que poco o nada influye el color político del gobierno de turno, por lo que a temas urbanísticos se refiere.
En fin, el caso es que, si nada lo remedia, el cemento volverá a imponerse a la vegetación y, de aquí a un tiempo, dispondremos de un flamante aparcamiento-negocio, un nuevo edificio y, eso sí, una mini-plaza de hormigón al estilo de la Plaza de Ca N'Oriac que tanto engrandece nuestro barrio. Pero aún quedan algunos espacios por proteger y por los que luchar, entre ellos la Masía de Ca N'Oriac cuyo estado actual es deplorable. Todo ello, siempre que el ciudadano se sensibilice ante estos temas, cuya trascendencia determinará, en gran manera, el futuro diseño final de barrio.
Salvador Páez
Sabadell, Març 2004
Site navegation:
Menú de navegación