(escrito enviado al Diario de Sabadell y no publicado)
Últimamente se ha constatado en nuestra ciudad que el movimiento vecinal y en concreto, sus representantes, han sido objeto de críticas, ataques y agresiones verbales, que sus comunicados en carteles y pancartas han sido retirados de la vía pública para evitar que los ciudadanos recibieran información, que en los medios de comunicación ni tan siquiera aparecen o son mencionados. Parece ser que no se dispone o no se pretende disponer de tiempo mediático para la voz crítica y que la presión vecinal sobre el gobernante político debe ser callada y ocultada. Por desgracia, nos vienen recuerdos de tiempos pasados.
Todo ello ha provocado que algunas asociaciones de vecinos se hayan visto obligadas a editar por cuenta propia folletos, revistas y, en algunos casos, periódicos, con los consiguientes costes, tan difíciles de soportar, que esto conlleva.
Asimismo, hemos escuchado tristemente decir a políticos de nuestra ciudad: “Si no están conformes, la próxima vez que no nos voten”. Que poco dialogantes son, que frase más dictatorial, cuanta prepotencia y que equivocados están. El voto no se entrega a precario. Y con ellos y con semejante comportamiento y actitud es con quien se encuentran los dirigentes vecinales para obtener respuesta a sus reivindicaciones a la hora de negociar.
Los representantes vecinales son personas sensibilizadas con los problemas cotidianos de los vecinos, personas preocupadas para que todos, sin excepción, puedan disponer de una mejor calidad de vida, personas que no esperan recibir ni reciben nada a cambio, cuyo tiempo de dedicación a la asociación no es remunerado, al contrario que el tiempo dedicado por el político, y por lo tanto, no buscan defender o justificar un sueldo con su actividad. Los representantes vecinales son precavidos y actúan con prudencia, son conocedores de su pertenencia a un organismo con muchas limitaciones, que al mismo tiempo es uno de los mecanismos de los que dispone el ciudadano para denunciar y reivindicar ante los aparatos oficiales. Son las mosca cojoneras que se atreven a enfrentar al político, aunque sea éste quien tenga el soporte del voto para gobernar.
Os preguntaréis: ¿a quién obedecen estos representantes? Difícilmente podremos encontrar personas que no tengan una ideología u otra, que no sientan afinidad por un partido político u otro. En nuestra ciudad se ha llegado a decir en los medios de comunicación que el movimiento vecinal se ha utilizado políticamente, a lo que cabe añadir que los miembros del secretariado de la FAVS no militan en ningún partido. En tal caso, ¿deben ser las asociaciones afines al partido gobernante las utilizadas para contrarrestar el sentir mayoritario del movimiento vecinal? Cabe destacar, a modo de ejemplo, que sólo dos asociaciones de las 16 federadas se manifestaron contrarias a la queja por la imposición de una tasa, es decir, estuvieron de acuerdo con el pago de la misma.
Es obvio que no ha sentado muy bien y que no ha gustado que se denuncie la imposición de la tasa de residuos, que se movilice la gente contra esa tasa, que se defienda un espacio para una plaza pública, que se denuncien las contribuciones especiales mal aplicadas en cierta calle, que se lleven al Tribunal Superior de Justicia estos dos casos, que entendamos el movimiento okupa y estemos más cercano a él, porque se denuncie la situación tan precaria en la sanidad; que se reclame la reparación de aceras, que se pida la supresión de las barreras arquitectónicas, que se reparen los socavones en las calzadas y que se les reclame para que hagan algo con respecto a la eliminación del cableado aéreo (postes, cables y palomillas en fachadas).
En algunas asociaciones claramente han aparcado tendencias afines a partidos políticos, y bienvenidas sean siempre que, por encima de estas tendencias, esté la defensa de los intereses vecinales. Tengamos en cuenta que la sumisión al líder político, a la disciplina de partido, la aceptación de directrices contrarias a los intereses de los movimientos sociales, todo ello, con el transcurrir del tiempo, todo se paga.
Salvador Páez
Sabadell, Febrer 2005
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