Eran los años finales de los cincuenta y primeros de los sesenta cuando en los barrios de Sabadell se fueron organizando y legalizando a través de los correspondientes trámites en el Gobierno Civil de la Provincia, estas entidades representativas de los vecinos.
Anteriormente ya existían en algunas zonas de la ciudad "associacions de carrer" para casos concretos como ejemplo en la calle Andorra (de la luz), Tetuán (baile en verano), Ahorro (fiesta mayor) pero sin más pretensiones y siempre como hechos aislados.
Es alrededor de los años sesenta cuando la población obrera de los barrios más populares, va tomando conciencia de las deficiencias que se padecen ante todo en temas urbanísticos, de educación y de sanidad, y dentro de los estrechos límites del régimen autoritario en vigor se inicia, primero tímidamente en la Concordia, Creu de Barberà, Ca n'Oriac, para después hacerse en todas las zonas de Sabadell, la fundación de entidades en las que los vecinos y vecinas del barrio pueden conocer y analizar mejor sus necesidades para después poder plantearlas al Ayuntamiento como organismo oficial, más cercano, pero tan distante y antidemocrático como el resto de toda la organización política existente en la época.
Así nacen nuestras entidades representativas de los barrios con nombres de Asociaciones o Agrupaciones de Vecinos.
¿Y qué diferencia expresan esas denominaciones? Aunque en realidad todos actuaban prácticamente igual de cara a sus problemas y reivindicaciones, la semántica tiene significados muy diversos, de los que en el Gobierno Civil de Barcelona sí conocen y tienen sus preferencias.
Agrupaciones, podíamos definirlas como conjunto de personas que se reúnen para conseguir un objetivo. Se entendían por los vigías del régimen, ya a nivel local como en Barcelona, más amorfas, menos comprometidas, digamos menos peligrosas, por ser menos cohesionadas; en cambio las Asociaciones, que aparte que podían chocar por su nomenclatura con algunas disposiciones oficiales que las podían confundir, cosa muy frecuente por esos funcionarios, con partidos o con fines más políticos, se entendían más concienciadas en sus objetivos sociales y por tanto más politizadas. De ahí venían las preferencias que se daban en las solicitudes que se referían para dar las autorizaciones a estas entidades, si se denominaban Agrupaciones o Asociaciones.
Había también otras entidades vecinales que se crearon más tarde como un contrapoder por el aparato del Ayuntamiento a la fuerza popular, con gentes de su órbita o proclives al franquismo, las llamadas Asociaciones de Cabezas de Familia. No prosperaron en algunos barrios, pero en otros intentaban obtener la representación del barrio enfrentados a las genuinas Asociaciones de Vecinos, aunque en algún caso, evolucionaron aproximándose el papel reivindicativo y politizado más generalizado de la mayoría.
Fue la época dulce del movimiento vecinal ya que a pesar, o por ello, de las dificultades legales y de la represión más o menos encubierta o tolerancia del régimen, las asociaciones nacían con el apoyo amplio de la población, conectaban con sus problemas más urgentes y eran a la vez una escuela de formación de líderes sociales y políticos como se constató más adelante, ya que bastantes de sus miembros pasaron a formar parte de la dirección de los partidos políticos locales.
Se ha creado el mito de la participación, y era real en el momento de las acciones en la calle, pero en las direcciones y ejecutivas con la labor de cada día, como en la preparación de los trabajos que después se abrían al vecindario, también eran unos grupos de mujeres y hombres, más bien pocos los que daban la cara. Lo que ocurría después para esa amplia repercusión y participación era que sus planteamientos para acciones o reivindicaciones eran siempre las preocupaciones de la mayoría y de ahí su conexión estrecha con su barrio. Conforme ese modo de trabajar se ha ido alejando del modo de pensar de las mujeres y hombres del barrio, es una de las causas del aislamiento que viene ocurriendo con estas entidades que los representa, ya que a veces les da la sensación que solo se dedican a combatir al Consistorio que ellos mismos han votado y apoyan.
Conforme los residentes de nuestros barrios se han ido transformando, de ser vecina o vecino, o sea no solo habitante juntos en una misma ciudad, en verdaderos ciudadanos o ciudadanas, que es ser una persona con derechos políticos y por tanto con obligaciones y derechos dentro de una democracia, de y hacia su ciudad y país, esa vivencia y participación que debería haber sido mayor, se ha diluido y a veces les ha alejado de las Asociaciones de Vecinos.
¿Están equivocados los vecinos, que ahora son ciudadanos y votan por sus preferencias políticas y reciben una información a través de toda clase de medios y son libres de reunirse, discutir y hablar, aunque sea solo en el bar o en algún local? ¿o son las entidades vecinales que no encuentran el modo de renovación de sus dirigentes y que muchas de sus reivindicaciones, no se llegan a entender por la población? Es un debate a tener presente.
Simón Saura Conesa
Sabadell, Febrer 2005
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